LA PACIENCIA DE SAN PEDRO: CUENTO CORTO
LA PACIENCIA DE SAN PEDRO San Pedro fue, antes de convertirse en el guardián del cielo, un sencillo pescador palestino. Pasaba sus días en las aguas del Mar de Galilea, remando en un pequeño bote de madera, luchando contra el oleaje y aguardando con paciencia la pesca que luego vendería en el mercado del pueblo. Tenía las manos ásperas, la piel curtida por el sol y una vida humilde, pero tranquila. Sin embargo, cuando dejó la Tierra, su destino cambió para siempre. Ahora, en el cielo, San Pedro cumple una labor eterna. Es el recepcionista del paraíso, el portero de las puertas celestiales. Durante incontables años ha recibido almas, anotado nombres en una lista infinita y decidido quién puede entrar y quién debe esperar. No existen pausas ni vacaciones. Cada día, miles de espíritus forman una larga fila, con miradas cargadas de ansiedad y esperanza, aguardando su turno. Su escritorio es de mármol blanco, frío e impecable. Sobre él descansa un reloj de oro que jamás se detiene ...