Miguel Río y Alicia del país de las Maravillas
MIGUEL RÍO Y ALICIA DEL PAÍS DE LAS MARAVILLAS Miguel Río había terminado otra de sus aventuras por tierras lejanas, cuando una tarde, mientras descansaba bajo un roble en Irlanda, escuchó un sonido extraño: tic-tac, tic-tac. No era el típico de un reloj común, sino un eco vibrante que parecía venir del aire mismo. De pronto, una liebre blanca con chaleco se apareció delante suyo. —¡Llego tarde, llego tarde otra vez! —gritó, corriendo entre los arbustos. Miguel, curioso como siempre, lo siguió. Al atravesar un círculo de hongos, todo el bosque se disolvió como si fuese un sueño. Apareció en un mundo de colores imposibles: árboles de cristal, ríos de tinta, y cartas de naipes flotando en el aire. Allí, en medio de todo, una muchacha de vestido azul lo observaba con ojos brillantes. —Bienvenido al País de las Maravillas —dijo Alicia, inclinando la cabeza con una sonrisa—. Tú no eres de aquí, ¿verdad? —Me llamo Miguel Río. Busco respuestas… o tal vez sólo aventuras. Alicia lo tomó d...