Anita en secreto: Cuento de misterio

 

Anita en secreto

Anita llevaba meses buscando una casa donde vivir. Un día encontró una oferta que parecía imposible: una antigua casa a las afueras de la ciudad, grande y misteriosa, que llevaba muchos años abandonada.

Como nadie quería vivir allí, pudo conseguirla por mucho menos dinero de lo normal.

El día de la mudanza, Anita recibió las llaves y entró sola. La casa estaba cubierta de polvo. Los muebles antiguos seguían en su lugar y las ventanas apenas dejaban pasar la luz.

Lo que más le llamó la atención fueron los espejos.

Había espejos por todas partes: en los pasillos, en los dormitorios, en el baño e incluso uno enorme frente a la escalera.

Esa primera noche, mientras Anita ordenaba sus cosas, escuchó una voz.

—Anita...

Se dio vuelta, pero no había nadie.

Entonces miró el espejo del pasillo.

Detrás de su reflejo apareció una mujer vestida de negro.

Anita se volteó rápidamente.

No había nadie.

Cuando volvió a mirar el espejo, la mujer seguía allí.

Era una bruja.

La bruja levantó una mano y comenzó a golpear el vidrio desde el otro lado. Anita corrió hacia su dormitorio y cerró la puerta.

Pero allí también había un espejo.

La bruja apareció nuevamente.

Anita comprendió que podía viajar de un espejo a otro y que, mientras quedara uno intacto dentro de la casa, nunca podría escapar de ella.

Tomó una silla y golpeó el espejo.

¡Crash!

El vidrio cayó al suelo.

La imagen de la bruja desapareció.

Anita recorrió desesperadamente toda la casa rompiendo cada espejo que encontraba. La bruja aparecía una y otra vez tratando de detenerla.

Finalmente llegó al gran espejo de la escalera.

La bruja apareció frente a ella y gritó:

—¡Esta casa es mía!

Anita levantó un martillo y golpeó el espejo con todas sus fuerzas.

El cristal se hizo pedazos.

De pronto, la casa quedó completamente en silencio.

Anita salió corriendo, cerró la puerta y nunca volvió a entrar.

A la mañana siguiente fue donde la persona que le había entregado la propiedad.

Dejó las llaves sobre la mesa y dijo:

—Ahora entiendo por qué la casa era tan barata.

Y se marchó.

Desde entonces, la vieja casa volvió a quedar abandonada.

Pero algunas noches, quienes pasan frente a sus ventanas aseguran ver el rostro de una mujer reflejado en los vidrios.

Aunque dentro de la casa ya no queda ningún espejo.

Fin

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una habitación sencilla: Novela corta

UN CUARTO SENCILLO: POEMARIO 2016

El tesoro del duende irlandés y otros cuentos

ANITA EN SECRETO: POEMARIO

DUENDES VERDES EN LA SOPA: POEMARIO

La travesía del irlandés: Novela corta 🪎

Un cuarto sencillo: Poemario 2026

EL TESORO DEL DUENDE IRLANDÉS Y OTROS CUENTOS

EL TESORO DEL DUENDE IRLANDÉS