La bruja y el sapo encantado



La bruja y el sapo encantado

En lo profundo de un bosque encantado vivía una bruja blanca llamada Alba. A diferencia de las brujas de los cuentos antiguos, ella no preparaba pociones para hacer daño ni lanzaba maldiciones. Utilizaba su magia para ayudar a quienes se perdían en el bosque.

Una tarde de primavera, mientras recogía flores para preparar una pócima de buena suerte, escuchó una voz junto a una laguna.

—¡Ayúdame, por favor!

Alba miró a su alrededor, pero no encontró a nadie.

—¿Dónde estás?

—¡Aquí abajo!

La bruja bajó la mirada y descubrió un pequeño sapo verde sentado sobre una piedra.

—¿Tú puedes hablar? —preguntó sorprendida.

—Puedo hablar porque en realidad soy un príncipe. Una bruja malvada me convirtió en sapo hace muchos años.

Alba tomó al sapo entre sus manos.

—¿Y cómo puedo romper el hechizo?

—No lo sé. He esperado tanto tiempo que casi he olvidado cómo era ser humano.

La bruja blanca decidió ayudarlo. Lo llevó hasta su pequeña casa de madera y buscó en sus antiguos libros de magia. Pasó toda la noche leyendo hasta encontrar una página donde aparecía dibujado un sapo verde.

El libro decía:

"Cuando la luna llena ilumine el bosque, una persona de corazón bondadoso deberá pronunciar tres palabras mágicas y tocar al sapo con una flor blanca."

Aquella misma noche había luna llena.

Alba salió al jardín y cortó una pequeña margarita. Después llevó al sapo hasta el centro del bosque. La luz de la luna atravesaba las ramas de los árboles.

—¿Estás preparado? —preguntó.

—Después de tantos años, estoy preparado para cualquier cosa.

La bruja levantó la flor blanca y dijo:

—¡Luz, bondad y libertad!

Tocó suavemente la cabeza del sapo.

Una luz blanca comenzó a rodearlo. El pequeño animal se elevó unos centímetros del suelo mientras cientos de chispas iluminaban el bosque.

De pronto, el sapo desapareció.

En su lugar apareció un joven príncipe vestido con una capa azul.

—¡Volví a ser humano! —gritó emocionado.

El príncipe abrazó a Alba y le agradeció por haberlo liberado.

—¿Qué quieres a cambio? —preguntó—. Puedo darte oro, joyas o un castillo.

La bruja blanca sonrió.

—No quiero nada. La verdadera magia consiste en ayudar cuando alguien lo necesita.

El príncipe regresó a su reino, pero nunca olvidó a la mujer que lo había salvado.

Desde entonces, todos los años volvía al bosque para visitar a Alba y llevarle una margarita blanca.

Y cuentan que, cuando hay luna llena, todavía puede verse una pequeña luz blanca recorriendo el bosque, ayudando a quienes han perdido el camino.


FIN

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