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Mostrando entradas de marzo, 2026

UN TESORO INESPERADO: CUENTO CORTO

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UN TESORO INESPERADO Michael River vivía en la ciudad, rodeado de ruido, edificios altos y calles llenas de gente apurada. Sin embargo, detrás de esa apariencia común, su vida estaba marcada por las dificultades económicas. Cada día debía pensar cómo pagar las cuentas, cómo seguir adelante y cómo resistir el peso de la preocupación. Una tarde, sintiéndose agobiado, decidió salir a caminar. Recorrió plazas silenciosas, observó a los niños jugar a lo lejos y pasó por afuera de hospitales, donde la gente entraba y salía con rostros serios. Continuó avanzando sin rumbo fijo, como si sus pasos buscaran algo que él mismo no sabía nombrar. Después de mucho andar, llegó frente a un edificio abandonado. Sus ventanas estaban rotas, las paredes descascaradas y la entrada cubierta de polvo. Un letrero viejo advertía que estaba prohibido entrar, pero Michael, empujado por una extraña curiosidad, decidió cruzar la puerta. El interior estaba oscuro y en silencio. Solo se escuchaba el eco de sus p...

El Libro Mágico del Rey Arturo

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  El Libro Mágico del Rey Arturo En un rincón escondido del bosque encantado, donde los árboles susurraban secretos antiguos y la niebla brillaba con luz propia, vivía Abigaíl, un hada mágica de alas plateadas. Abigaíl no era un hada cualquiera. Tenía una misión.  —Debo encontrar al Mago Merlín —dijo una mañana, mientras el rocío iluminaba las hojas—. Solo él puede ayudarme. El bosque era extenso, lleno de senderos que cambiaban de lugar y criaturas que observaban en silencio. Durante días, Abigaíl voló entre robles milenarios y cruzó arroyos que cantaban melodías antiguas, hasta que finalmente lo encontró. Allí, entre los árboles, había una pequeña casa de madera. De su interior salía humo suave, y en una mesa, junto a la ventana, estaba Merlín. El gran mago escribía. Pero no escribía hechizos. Escribía poemas… y antipoemas. —Te estaba esperando, Abigaíl —dijo sin levantar la vista. El hada se sorprendió. —Necesito tu ayuda, sabio Merlín —respondió ella—. El Rey Ar...